Los hilos invisibles…


 

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Esta noche ha fallecido mi tía materna Celia. Ella entró en el hospital hace una semana, justo cuando nació su nieto Daniel. De algún modo la fuerza de ella se depositaba en él, en un acto de amor pactado por las almas.

Celia se ha ido el día de la Merced, y a 5 días del cumpleaños de su hermana Mercedes. Las almas hacen esto como tributo, homenaje y reconocimiento. La inteligencia y el buen hacer de las almas no siempre son tenido en cuenta, pero son las que realmente portan la información de esta vida y otras. Creemos que todo es indeterminado, pero hilos invisibles a los ojos de quien no ve, lo manejan todo. A nosotros nos toca conocer estos hilos, sus movimientos y acompasarnos a su ritmo. De otro modo la vida pasará ante nosotros sin saber de dónde viene y hacia dónde va.

La ciencia que hasta ahora conocíamos –  y exceptúo la física cuántica  y otros científicos que nos llevan al conocimiento de la vida en toda se amplitud, la vida como algo vivo – era determinista. El alma es existencialista, es decir es la propia existencia en sí quien marca el devenir.

Sabemos que se han aceptado muchos postulados científicos aún sabiendo que eran inciertos, bien porque no estábamos preparados para conocer las grandes capacidades del ser humano, o bien porque aún estando abierto ese camino, no interesaba que la humanidad lo recorriese.

Gracias a que la vida se manifiesta conocemos que ni siquiera la vida se termina con la muerte, y que es inexistente un envejecimiento real en las personas: a nivel neuronal, celular,  físico…etc., salvo que nosotros lo creamos así y lo permitamos, sin  poner los límites necesarios para no envenenarnos y destruirnos en vida: alimentación, contaminación mental a través de la información de los grandes medios de intoxicación como cierta prensa, tv, alta de descanso,  escasa conexión con la naturaleza, sedentarismo…

La vida es vida y como tal se  manifiesta o ante nosotros o detrás de nosotros, a nuestras espaldas, si no hacemos por verla.

Sabía que ella se iría estos días por la consideración que le tenía a su hermana. Así podemos ponernos delante de la vida y predecirla, cuando queremos mirarla de frente y entenderla. Cuando atendemos la vida el supuesto caos se vuelve orden.

De nuevo las ramificaciones del árbol de la vida han se han extendido según la ley natural. 

 

Castigar con silencio es más peligroso que con palabras. Y se hereda de padres a hijos


 

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Los autores de «La ciencia del lenguaje positivo» nos explican cómo construir un plan linguístico familiar

«Las palabras son poderosísimas. Pueden llegar a determinar el rumbo de nuestro pensamiento, nuestra actitud ante la vida e incluso, nuestra salud y longevidad». Esa es la teoría de Luis Castellanos y su equipo, expertos en neurociencia, y autores del libro «La Ciencia del lenguaje positivo». En él plantean que el uso de determinadas palabras (o la ausencia de estas) en el día a día puede suponer la diferencia entre el éxito y la derrota en cualquier ámbito. «El lenguaje nos permite gestionar nuestra propia inteligencia», asegura. «Si nos parece normal dedicar todos los días un tiempo a cuidar nuestro cuerpo, a asearnos, vigilar nuestra dieta o hacer algo de ejercicio, ¿por qué no dedicar también a cuidar cada una de nuestras palabras?», se pregunta Castellanos.

—La mayoría de nuestros deseos están centrados en mejorar nuestras circunstancias, pero estamos lejos de plantearnos mejorar nuestro lenguaje: así somos, así hablamos.

—El lenguaje refleja nuestra existencia, nuestra historia, nuestras esperanzas.El lenguaje es un espejo de cómo somos. Cuando somos conscientes de nuestras palabras nos damos cuenta de que no vemos el mundo tal y como es, sino tal y como hablamos. Por eso quizá cambiando el enfoque de ese espejo también podremos enfocarnos de otra manera, cambiar, ambicionar cosas más grandes, una vida mejor, con más bienestar, más alegría y más salud.

—¿Cómo podemos cambiar el uso de las palabras?

—Habitando las palabras. Hablar es habitar el mundo. Deberíamos hacernos cargo de nuestros vocablos, de su destino. Un buen ejercicio es intentar identificar las palabras que queremos que adquieran importancia en nuestra vida, aquellas que queremos «habitar». Nos referimos a esas que te ayudan a crecer, que son las que deberíamos compartir, las que nos ayudan a transformar nuestras vidas y a dar lo mejor que tenemos a las personas que nos rodean.

—¿Por qué es tan importante buscar ese lenguaje positivo?

—Esta científicamente comprobado que el lenguaje positivo busca evolutivamente dirigir nuestra atención y nuestra voluntad hacia el aspecto favorable de las cosas y de la vida. Tomar conciencia de nuestro lenguaje es fundamental para escribir nuestro destino. Es más, las palabras influyen en nuestra posibilidad de supervivencia, ya que la expresión de emociones positivas hace que nos fijemos, que prestemos atención, a aquellos estímulos físicos y mentales que cada vez son más relevantes para llevar una vida duradera, plena y con el mayor grado de felicidad posible. Somos unos firmes convencidos de las funciones vitales del lenguaje positivo en nuestra mente ejercen una influencia creativa en las decisiones más profundas que tomamos. Nuestras decisiones lingüísticas crean nuestra historia.

—¿Palabras son hechos?

—Palabras son hechos siempre. Tanto si haces lo que has dicho que vas a hacer, como si no lo haces. En el primer caso estarás mostrando un estilo de acción que genera confianza, mientras que en el segundo caso tu estilo de acción generará otro tipo de respuestas. Este es el poder de las palabras.

—También en el sentido negativo. La pareja, los padres, o los hijos son los que suelen soportar los efectos devastadores del lenguaje de la ira. Es lo que José Luis Hidalgo, coautor del libro, ha denominado el «Hulk en casa».

—Esto es así. El enfado desmesurado se propaga con mayor facilidad en los entornos íntimos. Se trata de una cuestión de confianza, y hacemos uso de ello. Las mayores muestras de enojo las solemos cometer en casa, ese terreno que sabemos seguro y donde no hay que fingir. Después del enfado sabes que nadie se irá de casa, que te seguirán queriendo, y que todo quedará en un hecho puntual. Sin embargo, a menudo maltratamos a las personas que nos quieren bien con nuestros gestos indisimulados de fastidio, con nuestro lenguaje descuidado, con palabras hirientes.

—Sabemos entonces que descuidamos los entornos más queridos pero, ¿qué podemos hacer para evitarlo? ¿Cómo podemos reconocer y reconducir estas reacciones exageradas ante hechos insignificantes?

—Hay dos momentos clave para nuestro entrenamiento. Uno tiene que ver con «cómo llegamos a casa», y el segundo, con reconstruir o reparar lo que inconscientemente, hemos dañado.

—¿Qué puedes hacer en lo relativo a «cómo llegas a casa»?

—Es importante realizar un pequeño acto, una señal de respeto, frente a la puerta de entrada, que puede consistir en respirar antes de girar completamente la llave. Es un simple gesto con el que asumir que accedemos a otra energía, a un escenario con otro ritmo, y que al cruzar el umbral de la misma nos vamos a incorporar a un nuevo espacio. Físicamente tiene que ver con la pausa, con un momento de silencio que aprovechamos para observar, para ver de verdad a las personas que nos esperan.

—Pero, ¿cómo reparamos los daños una vez que Hulk ha hecho estragos?

—En este caso es importante cuidar nuestro diálogo interior y no culpabilizarnos en exceso. Solemos tratarnos duramente cuando perdermos los papeles, lo pasamos mal precisamente por haber hecho que lo pasan mal los demás, renegamos más de la cuenta y alargamos innecesariamente la reflexión sobre las causas de nuestro comportamiento. Pensamos que así podremos curar las heridas cuando es precisamente lo contrario. Para enfrentarnos a los daños causados por nuestra ira podemos decir: «devuélveme lo que te he dicho, no era para tí».

Fuente: http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-castigar-silencio-mas-peligroso-palabras-y-hereda-padres-hijos-201605302205_noticia.html